Refomeo, originario del pueblo Bara en Madagascar, creció adorando a la naturaleza y se convirtió en hechicero en su adultez. Durante años, persiguió activamente a los cristianos y buscaba destruir la iglesia local, convencido de que hacía el mal por desconocer a Dios.Su vida, marcada por el ocultismo, robos y odio hacia los creyentes, cambió radicalmente tras una enfermedad que ni médicos ni otros hechiceros pudieron curar. Desesperado, fue llevado a una pequeña iglesia fundada por misioneros brasileños Fernando y Janaine Basso, a pesar de que antes la odiaba.Allí, Refomeo fue sanado durante el culto y, tocado por Dios, reconoció a Jesús como su Salvador y renunció a la brujería. Él afirma: “Encontré cura física y espiritual. Hoy soy una nueva persona, un seguidor de Jesús. No soy el mismo hombre”.
Desde ese momento, desea que otros Bara encuentren también la verdad de Cristo, invitando a su comunidad a buscar el nuevo camino en Jesús. Expresa: “Mi pasado fue perverso, pero fui transformado. Jesús me curó y me salvó, ahora tengo vida eterna”.
Destaca que la fe en Cristo no es una influencia externa, sino el regalo del Creador para todos los pueblos, incluida su propia etnia.
La misión brasileña, con más de 11 años en Madagascar, apoya a misioneros como los Basso en el trabajo con los Bara, considerados grupo no alcanzado. A través de la proyección del filme “Jesús” en aldeas y el discipulado personal, han evangelizado 419 villas y alcanzado a más de 100 mil personas desde 2017.
El pueblo Bara, seminómada y tradicionalmente oral, aún no tiene la Biblia completa en su idioma y el 90% no sabe leer ni escribir. El misionero Basso señala que, para este contexto oral, el cine se volvió herramienta eficaz para compartir el evangelio y empezar construcción comunitaria en Cristo.
La historia de Refomeo ilustra la esperanza y el poder de Jesús para transformar incluso las vidas más endurecidas o alejadas del evangelio. Hoy testifica: “Cuando aquellos que confían en Jesús dejan esta vida, van al Cielo. Jesús no viene del hombre blanco, sino del Dios creador”.
La obra que hace el Espíritu Santo en cada corazón también derribando barreras culturales y espirituales, mostrando que nadie está tan lejos como para no ser alcanzado por la gracia de Dios.
El poder del Evangelio de Cristo puede redimir incluso al mayor perseguidor, y toda iglesia local, aún en contextos difíciles, puede ser instrumento de milagros.
Solo en Cristo hay restauración y vida eterna para todos los que creen, sin importar su pasado o trasfondo cultural.

























