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viernes, 17 de octubre de 2025

Él me salvó



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 Refomeo, originario del pueblo Bara en Madagascar, creció adorando a la naturaleza y se convirtió en hechicero en su adultez.​ Durante años, persiguió activamente a los cristianos y buscaba destruir la iglesia local, convencido de que hacía el mal por desconocer a Dios.​Su vida, marcada por el ocultismo, robos y odio hacia los creyentes, cambió radicalmente tras una enfermedad que ni médicos ni otros hechiceros pudieron curar.​ Desesperado, fue llevado a una pequeña iglesia fundada por misioneros brasileños Fernando y Janaine Basso, a pesar de que antes la odiaba.​Allí, Refomeo fue sanado durante el culto y, tocado por Dios, reconoció a Jesús como su Salvador y renunció a la brujería.​ Él afirma: “Encontré cura física y espiritual. Hoy soy una nueva persona, un seguidor de Jesús. No soy el mismo hombre”.​

Desde ese momento, desea que otros Bara encuentren también la verdad de Cristo, invitando a su comunidad a buscar el nuevo camino en Jesús.​ Expresa: “Mi pasado fue perverso, pero fui transformado. Jesús me curó y me salvó, ahora tengo vida eterna.​

Destaca que la fe en Cristo no es una influencia externa, sino el regalo del Creador para todos los pueblos, incluida su propia etnia.​

La misión brasileña, con más de 11 años en Madagascar, apoya a misioneros como los Basso en el trabajo con los Bara, considerados grupo no alcanzado.​ A través de la proyección del filme “Jesús” en aldeas y el discipulado personal, han evangelizado 419 villas y alcanzado a más de 100 mil personas desde 2017.​

El pueblo Bara, seminómada y tradicionalmente oral, aún no tiene la Biblia completa en su idioma y el 90% no sabe leer ni escribir.​ El misionero Basso señala que, para este contexto oral, el cine se volvió herramienta eficaz para compartir el evangelio y empezar construcción comunitaria en Cristo.​

La historia de Refomeo ilustra la esperanza y el poder de Jesús para transformar incluso las vidas más endurecidas o alejadas del evangelio. Hoy testifica: “Cuando aquellos que confían en Jesús dejan esta vida, van al Cielo. Jesús no viene del hombre blanco, sino del Dios creador”.​

La obra que hace el Espíritu Santo en cada corazón también derribando barreras culturales y espirituales, mostrando que nadie está tan lejos como para no ser alcanzado por la gracia de Dios.​


El poder del Evangelio de Cristo puede redimir incluso al mayor perseguidor, y toda iglesia local, aún en contextos difíciles, puede ser instrumento de milagros.​

Solo en Cristo hay restauración y vida eterna para todos los que creen, sin importar su pasado o trasfondo cultural.

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